25 junio, 2021

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La batalla del Real Madrid y el Barcelona contra su decadencia

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Los clubes más laureados del fútbol español asoman a la Champions y al clásico sin haber sido capaces de resolver el cambio de era.

El Real Madrid lucha por la supervivencia. El Barcelona lo hace por la resurrección. Dos maneras de intentar dejar atrás una decadencia que a los azulgrana estalló en Lisboa (2-8), y a la que los blancos vienen arrimándose sin remedio, con la caída frente al Cádiz como seria advertencia. El próximo clásico desprende aroma a decrepitud.

Los dos clubes más laureados del fútbol español, los mismos que se han repartido 14 de las últimas 15 Ligas (lejano queda ya el paréntesis del Atlético en 2014), llevan ya dos años sin acceder a la final de la Champions. Algo que se había convertido en celestial rutina durante todo un lustro, entre las temporadas 2013-14 y 2017-18. Huyó Cristiano Ronaldo, sin que nadie minimizara su ausencia. Ya marcaría Benzema. O la segunda línea. O Vinicius y Rodrygo, esos jovencitos que van y vienen. O Jovic. Leo Messi intentó la escapada sin éxito, sin que nadie reparara en las consecuencias que ello ocasionaría. Porque ya no tiene a un escolta que lo interprete como Luis Suárez. Porque su equipo, en plena gestación, exige ahora convivir con él. Ya no vivir de él.

Mientras tanto, Eden Hazard y Antoine Griezmann malviven en la indiferencia. Un feo guiño del destino al tratarse de quienes debían ser capitales en la reinvención, y por los que los presidentes Florentino Pérez y Josep Maria Bartomeu abrieron la caja de caudales antes de que la pandemia impidiera nuevos derroches. Florentino ahora sólo gasta en la remodelación de su estadio. Bartomeu arrastra una deuda de 820 millones. No hay hinchas en los campos que cuestionen. Y los futbolistas viven cada vez más al límite, con tantos partidos como PCR’s, y obligados a perder privilegios con nuevas reducciones salariales. Sin que la rueda del negocio deje de girar. Pocas veces un cambio de ciclo fue tan difícil.

BANQUILLO
Zidane rinde pleitesía a una era; Koeman, sin referentes

En el palco del Real Madrid no se discute a Zinedine Zidane. La confianza en el técnico francés es tal que, aún en octubre del año 2020, uno puede toparse con una alineación titular que, exceptuando a Courtois y Vinicius, bien podría ser cualquiera del último lustro. De hecho, Ramos, Varane, Marcelo, Modric, Isco y Benzema, la base del equipo frente al Cádiz, ya participó en la final de la Champions de 2014 frente al Atlético. Si algo caracterizó a Zidane en el éxito es su especial habilidad en la gestión de grupos. Pero también su sempiterno agradecimiento a quienes le acercaron a los títulos. Futbolistas como Nacho, Lucas Vázquez o incluso el citado Isco, insustanciales ya en el proyecto, aún asoman. Mientras esa legión de jóvenes que debería liderar Marco Asensio no acaba de contar con la confianza suficiente -o de dar el paso adelante- para que la vieja guardia pueda dar un paso atrás.

De Koeman gustaba casi todo. Además de afrontar los problemas tanto en la caseta como en la sala de prensa, se atrevió a sacar del vestuario a Suárez, Arturo Vidal o Rakitic. Hasta que después de dos convincentes triunfos frente al Villarreal y el Celta, la realidad del equipo se hizo evidente en el empate contra el Sevilla y la última derrota en Getafe. Donde no llegan Dembélé o Coutinho deben hacerlo Ansu Fati, Pedri o Trincao. Al holandés, encorsetado en su idea del doble pivote, le están fallando sin embargo sus referentes. Leo Messi aún no sabe cómo adaptar su genio de fin de trayecto al nuevo esquema. De Jong, de quien Koeman espera que sea el mariscal que saque el balón y avance hasta el área rival, no abandona su extraño estado catatónico. Aunque nada condiciona más que el deficiente rendimiento de Griezmann, incapaz de hacerse notar en la derecha o en el centro. Incapaz de salvar la cara con goles.

Koeman reclamó un central que iniciara el juego (Eric García), un centrocampista de contención (Wijnaldum) y un delantero multiusos con capacidad para presionar (Depay). Nada de eso obtuvo. Apenas pudo arrancar un lateral (Dest) mientras se veía obligado a darle dorsal a un futbolista invisible como Matheus Fernándes, por el que Bartomeu admitió el pago de 10 millones de euros. Incomprensible.

LA ESTRELLA
Ramos y Messi, desconfiados y sin el futuro resuelto

Nada se mueve en el vestuario del Real Madrid sin el visto bueno de Sergio Ramos. Pero el capitán blanco, ya con 34 años a sus espaldas y a quien no se le adivina relevo alguno en el centro de la defensa, aún no tiene resuelta la renovación de un contrato que concluye el próximo 30 de junio. Es decir, en menos de tres meses podría negociar libremente con quien quisiera. Más allá de que las partes acaben llegando a un acuerdo para que Ramos concluya su carrera en el Bernabéu, en nada ayuda su situación a la estabilidad. Más aun cuando Florentino Pérez debe comenzar en las próximas semanas a negociar un nuevo recorte salarial entre sus futbolistas, algo que logró con éxito y sin líos mediáticos durante el confinamiento.

No lo consiguió entonces Bartomeu. Y tampoco ahora. Se le viene encima otra tormenta con esa «adecuación transitoria salarial» que pretende. También a Messi, como capitán del equipo. La plantilla ha remitido ya ese burofax en el que se discuten las maneras de la directiva y se pretende una negociación independiente del resto de empleados. Ter Stegen, cuya ascendencia crece en el club y está a punto de firmar su renovación, Lenglet , que también aspira a ampliar contrato, y De Jong tuvieron dudas a la hora de adherirse a ese documento, según informó Catalunya Ràdio. Messi, además, continúa a la espera de saber qué ocurre en las próximas elecciones para saber, bien si aún merece la pena intentar la aventura en Manchester junto a Guardiola o el reencuentro con Neymar en el PSG, bien si el presidente que sustituya a Bartomeu viene con Xavi Hernández bajo el brazo. Mientras tanto, su juego se resiente.